martes, 6 de enero de 2015

A to Z: el peligro de la comedia romántica




Cada año repetimos la misma cantinela: "parece que esta temporada no hay nada demasiado interesante" y luego resulta que siempre hay cuatro o cinco series que rescatar. Y no me refiero a las oficialmente buenas, que esas siempre va  a terminar alguien por metértelas por los ojos. Sabes que siempre van a estar ahí, así que no hay demasiada prisa por ver cómo termina Breaking Bad o empezar con True Detective. Casi que es más interesante ver qué pasa con las series más "normalitas".


A to Z lo tenía todo para ser un éxito. Recién acabada Cómo conocí a vuestra madre y a pesar de su último episodio, el público parecía encantado con Cristin Miloti. Ben Feldam quizá arrastrara el lastre (¿en forma de pezón?) de su papel en Mad Men, pero creo que hasta los fans más acérrimos de los publicistas neoyorquinos acogimos y nos acostumbramos rápidamente a su nuevo personaje. La narradora, cada vez menos presente, era la gran Katey Sagal, lo que constituía otro punto a favor.


Además, la serie de la NBC tenía todos los ingredientes de la comedia romántica tradicional: dos protagonistas entrañables, dos "mejores amigos" secundarios excéntricos pero simpáticos, dosis de romaticismo a raudales, algo de comedia más loca (esa empresa donde trabaja Andrew, y su jefa, que resultaron ser lo mejor de la serie) y esa supuesta "alma" que hace que te identifiques y te encariñes con los personajes, más allá de las risas o las sorpresas.


Y, sin embargo, a pesar de tenerlo todo, no acabó de cuajar. Yo, como fan del género, le he dado algo más de margen y es probable que, a tres episodios de acabar la temporada, la termine, pero los críticos televisivos de EE. UU. y la propia cadena no han sido tan generosos. La serie lleva cancelada desde noviembre. Digamos que yo me bajé del tren en el episodio de Navidad aunque sigo un poco por pena y, por qué no, también por inercia.


Que la serie sea cursi no es un problema. No se puede esperar otra cosa y creo que su creador así lo quería, buscando un público muy determinado para su serie. Así pues, ¿por qué no estamos todas encandiladas con el desarrollo de la relación entre Andrew y Zelda?


Para empezar, todo ha ido muy deprisa. Yo, que soy la primera en quejarme de las tensiones sexuales no resueltas interminables, me alegré de que los protagonistas no perdieran el tiempo deshojando la margarita, pero toda su relación ha sido acelerada y eso mismo creaba cierta perplejidad, incredulidad y miedo a que el final sea más agridulce que feliz. Puede que me equivoque, pero llevo tiempo pensando que al acabar la temporada serán los dos secundarios quienes acaben juntos, mientras que los protagonistas se darán un descanso.


Los protagonistas me caen bien, pero creo que se han pasado de sosos. Andrew es mono e inspira instintos maternales, pero Zelda es un poquitín pava: abogada seria y responsable, pero con alguna mínima extravagancia... Además, ese equilibrio entre comedia loca y momentos de emoción no acaba de cuajar. Por no hablar de esas empresas en las que se hace de todo menos trabajar. Wallflower podría mantenerse en pie, quizá, pero Zelda se pasa tantas horas al teléfono que aún no sé cómo no la han despedido... Y esa supuesta "alma", esos momentos más serios que deberían anclarnos a la serie han llegado demasiado pronto. La serie mete con calzador en menos de diez episodios todos los tópicos "trágicos" de la comedia romántica: desde la muerte de un familiar (solo hay que pensar en el episodio del funeral) hasta el Destino, así, con mayúsculas.


Y, por último, a menudo resulta tan previsible que aburre. Lo que tendría que hacer gracia hace gracia, pero no compensa aquello que tendría que enamorarnos y que no nos enamora. A estas alturas de siglo ya hemos visto mucha ficción y ni queremos ni esperamos algo propio de los noventa. Además, quizá hayamos escarmentado tras el final de Cómo conocí a vuestra madre y nos tememos que, si todo sigue el curso normal, nos aburramos, mientras que si en un determinado momento aparece el ansiado giro de guion, sabemos que nos decepcionará o nos enfadará. Así de caprichoso es (somos) el público.


En realidad, es una pena. Yo quería que me gustase esta serie: siempre viene bien tener un "lugar feliz" de media horita en el que refugianos, pero ha sido una pequeña decepción. Veremos por dónde van estos últimos episodios de la temporada antes de dar un veredicto final, pero si desde el principio ya lo tenía difícil, ahora que ya no esperamos nada de ella, dudo que nos sorprenda.

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